"La obsesión por el hijo-empresa: cuando el talento se vuelve pesadilla por la presión de los padres"

 

Infobae - Deportes / 21 de Junio de 2017

Un hijo con proyección de talentoso deportista, un padre que se ilusiona con verlo triunfar y la difícil tarea de acompañar a un talento en formación. Casos de famosos atletas que lograron convertirse en profesionales pero en el camino sufrieron el maltrato de sus más allegados

"Mi padre se queda detrás de mí. Rara vez lo veo, sólo lo oigo, día y noche, gritando en mi oreja. Más topspin! Golpea más fuerte. Más fuerte. ¡No, en la red no! ¡Maldita sea, Andre! Nunca en la red!". Andre Agassi publicó en 2009 Open, su autobiografía, en donde repasa su carrera pero, fundamentalmente, revela los momentos más oscuros de su carrera como tenista, fundamentalmente los que tienen que ver con la relación con Mike, su padre, quien ha reconocido que sacrificó a tres de sus cuatro hijos en busca de un gran campeón. La historia del ex N°1 del mundo impacta por la trascendencia de su figura pero ocurre a menudo y, por esto, muchos posibles grandes deportistas se frustran en el camino. ¿Cómo sobrevivir a la expectativa de un padre?

"Traté el caso de padres que tenían un chico de 11 años que estaba somatizando. El chico era jugador de las inferiores de River, hablé con él durante 3 o 4 sesiones, luego llamé a los padres y les dije que el problema era que al chico le encantaba jugar al fútbol. Ellos, sorprendidos, me contestaron que ya lo sabían pero no entendían a lo que yo apuntaba. Ante su sorpresa, les dije: 'El problema es que no está jugando, está trabajando de futbolista'. Me preguntaron qué les recomendaba y les dije que lo sacaran de River, que lo dejaran jugar los fines de semana con sus amigos, que se divirtiera con la pelota. ¿Que hicieron? Lo sacaron de terapia…", contó el psicólogo Gabriel Cartaña respecto del comportamiento de un padre y una madre que veían en su hijo la posibilidad de enriquecerse.

El caso no llama la atención. Por el contrario, es cada vez más común encontrarse en partidos de fútbol disputado por niños y hasta de adolescentes a padres que desde la tribuna les dan indicaciones vehementes, les marcan errores o gesticulan si algo sale mal, todo esto en el mejor de los casos. Otros se permiten incluso gritarles y hasta insultarlos, olvidando que dentro de la formación del deportista ocupa un espacio relevante la de los padres. 

En su libro Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno, el psicólogo especializado en el deporte Marcelo Roffe, relata que "hay distintos tipos de padres: los que emiten un doble mensaje, los desinteresados, los hipercríticos, los sobre-protectores, los que todo el tiempo vociferan contra el árbitro y el rival, los violentos, los que dan indicaciones como si fueran entrenadores sin serlo… Todos estos son fuentes de estrés y de agresión, pero están también los equilibrados (lamentablemente son un 10 por ciento). Los padres pueden ser una guía y un agente motivador o un factor de presión. Podemos graficar dos tipos de miradas respecto de los padres: uno, el que le pregunta al hijo, luego de un partido, '¿te divertiste?', y el otro, que pregunta: '¿ganaste?'".

Sobre el detrás de escena de su libro, Agassi recordó que cuando lo estaba escribiendo habló con su padre para que participara pero este le advirtió que no tenía ningún interés en ayudarlo, que era libre de poner lo que considerara y le dijo: "Yo sé lo que hice y por qué, y lo haría de la misma forma. Cambiaría una sola cosa: no te haría jugar al tenis. Con el golf y el béisbol se puede competir más tiempo y ganar más dinero". 

Roffe, en su citado libro, remarca que "el aumento de las urgencias económicas es directamente proporcional al incremento de las presiones de los padres y el entorno: presión es exigir al otro más de lo que puede dar".

Consultado por Infobae, el abogado y especialista en empresa y familia Leonardo Glikin, abogado y especialista en empresa y familia, apuntó que en la relación padre-hijo, en cualquier contexto, debe cumplir con una característica casi por encima de cualquier otra: respeto. "El padre debe entender cuáles son los límites de la prestancia de su hijo, de su intimidad, de su capacidad y de su deseo. Si esto no ocurre se dan situaciones que en la mayoría de los casos el pronóstico es el fracaso", comentó. 

Respecto de la relación padre-hijo deportista, Glikin explicó que "cuando se trata de un deporte profesional en muchos casos el padre ve que el futuro está en ese hijo gracias a la genialidad que lo destaca. En algunos casos puede ocurrir que ese hijo represente las expectativas del padre desde el punto de vista deportivo, económico o ambas. Lo que primero suele ocurrir es que el padre siente una especie de satisfacción desde el punto de vista personal y a veces eso escala hasta el punto de convertirse en la idealización de una probable entrada de de ingresos para toda la familia. Ocurre también en algunos casos que el padre ve en su hijo un talento que no es y aquí se ve claramente la frustración del chico, lo que incluso puede afectar sus relaciones personales". 

El problema de la exigencia de padres en el ámbito del deporte (aunque la ilusión del hijo exitoso se hace extensiva a buena parte de otras esferas de la vida) es mundial. En España, luego de verse reverdecida en el último tiempo la epidemia de padres que desde las tribunas maltrataban a sus hijos, varios clubes colgaron carteles aleccionadores en las canchas de sus divisiones menores con 10 reglas a respetar:

Cuando una o varias de estas reglas no se cumplían, el partido se paraba y hasta se supendía. 

¿Y en Argentina? 

En marzo pasado ocurrió un acto bestial: el DT de un equipo de Futsal de chicos de 16 años quiso intervenir en una gresca entre jugadores para separar, fue golpeado por el padre de uno de ellos y murió tras pasar cuatro días en coma. 

Aquella tragedia impactó profundamente en la sociedad pero no fue suficiente para generar conciencia. Basta recorrer clubes, canchas o más de una plaza para advertir las exigencias que recaen sobre los chicos que practican deportes.

"Los padres que deciden acompañar las carreras de sus hijos deportistas deben tener en claro, principalmente, que en etapa de formación su rol es el de la contención, el del respeto y cariño. Tengo la experiencia de un padre que es dueño de una empresa de familia, su hijo tiene mucho talento para el fútbol y su padre ha dejado en reiteradas oportunidades actividades de la empresa para que su hijo se sienta cómodo en su propia carrera, detrás de eso por supuesta está la posibilidad de que eso sea fuente de éxito económico pero en el presente implica un compromiso de acompañamiento de parte de la familia", comentó Glikin. 

Uno de los casos más conocidos de la relación familiar-comercial de padre e hijo es el de Jorge y Lionel Messi. El primero, consciente del talento de su hijo para el fútbol, se marchó a España cuando La Pulga tenía 13 años en busca de encontrar un club que detectara en él todo lo bueno que luego ocurriría. Entonces aquello fue visto como una decisión de la familia en pos de lograr ver triunfar a su hijo. Con el tiempo, el talento se transformó en fama y esto en millones de dólares. Jorge Messi se hizo cargo del manejo de la carrera de Lionel y este ítem los ha puesto bajo la mira de la Justicia respecto del manejo de la fortuna familiar generada por el hijo, tanto que ambos fueron condenados a 21 meses de prisión en suspenso por evasión. En el juicio que se celebró en España, cuando tuvo que hablar ante el juez, Lionel Messi declaró: "De la plata se ocupa mi papá. Mi única misión es jugar al fútbol". Aquella instancia generó un quiebre en la relación de ambos e incluso en el seño familiar, aunque Jorge Messi sigue siendo quien maneja la carrera del jugador.

Casos de abusos físicos o psicológicos de padres a hijos abundan en el ámbito del deporte, como por ejemplo el de la tenista croata Mirjana Lucic-Baroni o el de su colega australiana de origen serbio Jelena Dokic, quien contó que en 2000 se fue de su casa para escapar de Damir Dokic, su padre, quien la agredía y hasta le quitaba su dinero, el que supo entregarle en grandes cantidades como condición para evitar su acoso. 

Jim Pierce, padre de la recordada Mary Pierce, ganadora de dos Grand Slam, Australia 1995 y Roland Garros 2000, fue expulsado del torneo de París por insultar, amenazar e incluso pegarle a su hija. Está también el caso del beisbolista Mickey Mantle, uno de los mejores de la historia, quien contó que se hizo pis en la cama hasta los 16 años producto de la presión a la que lo sometía su padre. O el de la gimnasta norteamericana Dominique Moceanu (la más joven en ganar una medalla olímpica), quien a los 17 años pidió ante la Justicia la emancipación de sus padres, a quienes acusó de dilapidar su fortuna y quien en su libro autobiográfico contó que, de grande, se enteró de tuvo una hermana que sus padres pusieron en adopción apenas nació porque había nacido sin piernas.

Padres abusivos, padres expectantes, ilusionados con un salvataje económico por parte de alguno de sus herederos puede derivar en una relación perdida para siempre. "Lo primero que hay que entender es que cuando se mezclan las relaciones de trabajo o los intereses económicos con las familias, se están complejizando las relaciones, y entonces cuanto más claro podamos tener qué cosas corresponden a la familia y que cosas a los intereses económicos, mejor. Hay que diferenciar bien: una cosa es la familia y la otra el negocio o los acuerdos comerciales entre padres e hijos. A partir de ahí hay que entender con la mayor honestidad posible cuál es la retribución que debe tener cada uno, cuánto es lógico que comparta con un posible manager y cuánto con sus familiares. Esos número y esos límites deben ser claros", apuntó Glikin.

El profesional agregó que "el hecho de hacer un deporte implica que las cosas no necesariamente van a salir como los planificamos, menos como las deseamos. Y es necesario recalcar que cada persona, más allá de su núcleo familiar, es un individuo y cada cual debe interactuar con el otro desde el respeto, no desde el poder de una relación". 

Mike Agassi, al ser consultado por lo que su hijo Andre había dicho de él en su autobiografía, respondió: "Seamos directos. ¿He sido un tirano? Sí. ¿He sido duro y severo? Sí. Pero mejor un padre al lado de un hijo deportista que un entrenador. Yo quería que mis hijos se convirtieran en campeones (…) De Andre, el más pequeño, nunca diré que lo he sacrificado, viendo que se ha convertido en un campeón y que ahora es un millonario generoso y comprometido socialmente. Tenía siete años cuando predije que sería el número uno del tenis. Seré un monstruo, pero no me arrepiento…"

Conocerse, entenderse y respetarse, bases de toda relación sana, no son garantía de éxito comercial pero sí humano. ¿Y, en todo caso, tiene sentido el éxito a cualquier precio?